jueves, 21 junio, 2012
La importancia de las vitaminas C y A

El déficit de vitamina C reduce la resistencia a las infecciones, lo que puede comprometer nuestra salud. Nuestro organismo necesita vitamina A para mantener en buen estado la piel, las mucosas y reducir el riesgo de afecciones respiratorias.

Las verduras de la familia de las coles son las más ricas en vitamina C y ácido cítrico, que potencia la acción beneficiosa de esta vitamina.

Igualmente, se consideran fuente importante de antioxidantes naturales: antocianinas (color morado), beta-carotenos (color amarillo-anaranjado-rojizo, enmascarado por la clorofila) y compuestos sulfurosos.

La Vitamina A: La zanahoria es el alimento más abundante en betacaroteno, antioxidante que en el intestino acaba transformándose en vitamina A, a medida que el organismo la necesita. Las verduras de hoja de temporada (acelga, espinacas, endivia, perejil) son ricas en folato y fibra. El betacaroteno o provitamina-A no se destruye con el calor, por lo que esta sustancia no se ve disminuida con la cocción de los alimentos. Con un consumo abundante de estas verduras mejoraremos el estado de la mucosa bronquial.

A diferencia de la anterior, la vitamina C es sensible al calor y a la oxidación. De ahí el interés de incluir cada día verduras crudas en forma de ensaladas o ligeramente cocidas para minimizar las pérdidas de este nutriente.

Frutas, bocados de salud

Kiwi, limón, mandarina, naranja, pomelo, frutas tropicales, frutas desecadas (higos, dátiles, orejones de durazno, pera, etc) son frutas de esta temporada que conviene consumir para proveernos de vitaminas. Las diferencias de colores, permiten incoporar las diferentes vitaminas y minerales.

Todas las frutas de invierno son muy ricas en ácido ascórbico o vitamina C. Los cítricos constituyen la primera fuente de esta vitamina, el kiwi, por ejemplo, contiene importantes cantidades. También, contienen ácidos orgánicos como el cítrico, que les confieren sabores ligeramente ácidos. Este último potencia la acción de la vitamina C.

Además de la vitamina C, en las frutas de invierno destaca el elevado contenido en carotenoides y antioxidantes. Estas frutas aportan también fibra, mayoritariamente soluble: pectina y mucílagos.

En los cítricos, la fibra (pectina) se concentra en la parte blanca que cubre la pulpa, no hay que desechar. El color de naranjas, mandarinas y pomelos lo aporta el beta-caroteno, del que aprovechamos sus propiedades beneficiosas. El valor energético de las frutas de invierno viene determinado por el contenido en hidratos de carbono simples (glucosa, sacarosa y, principalmente, fructosa). La proporción es distinta según la fruta, registrándose variaciones importantes dentro de la misma especie.

La mejor forma de aprovechar las cualidades nutritivas de cualquier fruta es consumiéndola cruda. Conviene no excederse en el pelado, ya que la parte más externa, justo debajo de la piel, es la que concentra mayor cantidad de vitaminas. Puede incorporarla con piel, previo lavado y cepillado, evitando así los pesticidas y tierra. Cortar la fruta expone una mayor superficie del alimento en contacto con el oxígeno, por lo que la pérdida de vitaminas por oxidación es mayor. Por tanto, lo más recomendable es pelar y cortar justo en el momento en que se vaya a consumir.

 

Fuente: http://nutrar.com