miércoles, 29 mayo, 2013
¿Hay grasas saludables?

Estos componentes de algunos alimentos no son bien vistos, muchas veces con toda razón. La conveniencia de incorporar pescado a la dieta, importante fuente de omega.

La grasa tiene mala fama. Aunque es un componente importante del cuerpo, preferimos darle la espalda y hacer de cuenta que nosotros no tenemos grasa y que eso es cosa de otros. Usado como adjetivo, ser grasa no es precisamente un elogio. Y por supuesto, a la hora de elegir nuestras comidas, la grasa es un ingrediente culturalmente indeseable.

No siempre fue así. Ahora estamos en una época de abundancia, a pesar de que la riqueza no parece bien distribuida y una parte de la humanidad todavía pasa hambre. Nuestros antepasados estuvieron bastante peor y apreciaban la grasa con devoción.

Los antiguos griegos se untaban con aceite y los platos más apreciados fueron siempre aquellos que contenían más grasa y todavía utilizamos frases como “ungir al rey” o la “crema” de la sociedad.

Pero como sucede con todo lo popular, hay grasas mejores y grasas peores. Todo depende del cristal con que se mire. Bueno, en este caso, el de la función que cumplan en el organismo. Un pequeño problema a resolver es que las diferentes grasas tienen nombres complicados. Antes de abandonar acá mismo la lectura propongo una oferta: nada de nombres químicos, difíciles de leer e imposibles de pronunciar o recordar.

La mejor respuesta para evitar un nombre largo es usar una abreviatura, ya podemos imaginar qué quiere decir DHA: las iniciales de un complicado nombre químico. Una grasa del grupo de los omega, que dicho sea de paso es un nombre bastante amigable, y ambos son fáciles de leer y de recordar.

El DHA es masculino porque en química se llaman “ácidos” grasos” y forma parte de muchos tejidos, especialmente, del sistema nervioso. Ya con esto es bastante para entender su importancia: sin DHA no podríamos fabricar neuronas ni mantener su composición a lo largo de la vida. Pero hay un inconveniente: nuestro cuerpo no lo fabrica. En realidad, puede transformar alguna otra grasa omega 3 en DHA, pero con los alimentos debe llegarnos alguno de los dos.

No es para entrar en pánico, obviamente el ser humano se las ingenió para obtener el DHA de alguna forma. Por otro lado, en nuestro cuerpo no hacen falta grandes cantidades.

El problema es que la alimentación moderna empezó a alejarse de los omega. La principal fuente de DHA es el pescado, y todos sabemos lo que le cuesta a algunas personas elegir este alimento.. Y por si no fuera suficiente, los océanos están demasiado explotados para asegurarnos más pescado si lográramos convencer a todos de aumentar su escasa presencia en la dieta.

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud, algo así como 10 gotas. Parece fácil de consumir, pero millones de personas no logran este simple objetivo.

¿Para qué queremos DHA? Durante el embarazo y la lactancia para que el futuro bebé fabrique sus células nerviosas. Durante la niñez para que esas neuronas crezcan. Y durante la vida adulta para que mantengan intacta su composición y nuestro cerebro funcione lo mejor que pueda.

¿Y si no me gusta comer dos veces por semana un pescado graso? No podemos garantizar que nuestros bebés sean menos brillantes o que nos agarre el Alzheimer antes de tiempo, pero parece un riesgo fácil de evitar con poco esfuerzo.

Seguramente, con los años aumentaremos nuestro conocimiento del rol de estas grasas en la salud, pero mientras tanto sigue siendo válida la recomendación de incorporar el pescado a nuestra alimentación antes que se acabe o complementar la dieta con alimentos enriquecidos con DHA.

Fuente: www.clarin.com