jueves, 30 mayo, 2013
El cobre también es indispensable en la dieta

Mejora el funcionamiento del cerebro, del sistema nervioso y del cardiovascular; transporta el hierro, ayuda al crecimiento de los huesos y fortalece el sistema inmunitario. Dónde está.

El cobre es un mineral indispensable por las funciones que cumple en el cuerpo humano. Pero, al igual que los demás minerales, no puede ser fabricado por el organismo, y debemos incorporarlo a través de ciertos alimentos y del agua.

¿Por qué es esencial? Porque forma parte de algunas proteínas que se necesitan para llevar a cabo procesos indispensables para mantenernos vivos. Algunas de estas proteínas, que se llaman “enzimas”, son vitales durante el desarrollo embrionario y cerebral; participan activamente estimulando el crecimiento de los niños y los mecanismos inmunológicos de defensa; contribuyen a evitar la anemia y la fragilidad ósea; cooperan mejorando la calidad de los tejidos y de la piel; y están activamente presentes en la síntesis de algunas hormonas y neurotransmisores.

Afortunadamente, el cobre cumple una función en la elaborada defensa del cuerpo contra la oxidación. Como parte de las enzimas encontradas dentro y alrededor de las células, ayuda al cuerpo a neutralizar los radicales libres para impedir la destrucción celular.

Además, es necesario en la fabricación de tejido conectivo, el cual une una parte del cuerpo con otra, mantiene los órganos en su lugar, refuerza el corazón y los vasos sanguíneos, y refuerza la fortaleza de los huesos. La importante función del cobre en la formación de colágeno, un tejido conectivo en los huesos y la piel, subraya el hecho de que el calcio y el cobre son vitales para la formación y mantención de huesos fuertes. De hecho, estudios realizados con animales han demostrado que las fracturas óseas, las anormalidades esqueléticas y la osteoporosis son más frecuentes cuando hay deficiencia de cobre.

La osteoporosis es un problema muy frecuente y la deficiencia de cobre es uno de sus factores causales. Esta patología produce una disminución de la fortaleza de los huesos con el consiguiente aumento del riesgo de fractura. En los niños pequeños la deficiencia de cobre produce alteraciones esqueléticas, especialmente de los de las extremidades, en que se observan irregularidades de los extremos de los huesos largos.

El cobre y el hierro trabajan juntos para un bienestar óptimo. ¿Cómo? El cobre ayuda a convertir el hierro en su forma férrica, lo que ayuda a transportar el hierro hacia y desde los tejidos. Una deficiencia de cobre puede producir anemia y una sobrecarga de hierro en los tejidos.

Dónde lo encontramos

El contenido de cobre varía según el tipo de alimento y el procesamiento de éstos. Entre los alimentos ricos en cobre se encuentran los mariscos y las vísceras, los huevos, algunas semillas, las legumbres, los cereales integrales, los champiñones, frutas secas, papas y el chocolate, ya que el cacao tiene un alto contendido de este mineral.

Las carnes de todo tipo (vacuno, cordero, cerdo, aves y peces) si bien tienen menos cobre que los anteriores, son una buena fuente de este metal. Por el contrario, las frutas, verduras y los productos lácteos son alimentos pobres en cobre.

Un porcentaje importante de las dietas occidentales tienen un aporte limitado de cobre, especialmente aquellas consumidas por los grupos socioeconómicos más desfavorecidos, debido principalmente a que están basadas en alimentos que tienen un bajo contenido de cobre.

Cuánto necesitamos

Varios organismos internacionales y nacionales han establecido recomendaciones de consumo diario de cobre, que cubren las necesidades de los distintos grupos de la población. Estas son distintas para los diferentes grupos de edad, así como en embarazadas y madres en períodos de lactancia.

La más reciente recomendación de consumo de cobre es la del Instituto de Medicina de EEUU. Para los niños menores de 1 año todavía no están bien establecidas las recomendaciones, pero sería adecuado el consumo de 0.2 mg diarios para los niños de 0 a 6 meses y 0.22 mg/día para los de 7 a 12 meses.

Se recomienda 0.34 mg/día en niños de 1 a 3 años, 0.44/día en los de 4 a 8 años, 0.70 mg/día en los 9 a 13 años, 0.89 mg/día entre los 14 a 18 años. En los mayores de 18 años se recomienda 0.90 mg/día, 1 mg/día en las embarazadas y 1.3 mg/día en las mujeres que están amamantando.

Fuente: www.clarin.com